El acueducto de Segovia


El pasado fin de semana estuve en Segovia. Hace algún tiempo que vivo relativamente cerca y tengo la ocasión de ver el acueducto a menudo, pero no por ello deja de sorprenderme que esos arcos construidos en el siglo I d.C sigan en pie. La verdad es que impresiona, sobre todo cuando lo ves por primera vez.

Como muchos sabéis, este ingenio de arcos y bóvedas se hacía para canalizar el agua del río a las ciudades, de ahí su nombre, que procede de aqua (agua) y ducto - ducere (guiar).  El agua fluía gracias a la fuerza de la gravedad, por lo que la construcción debía tener una ligera pendiente y salvar los desniveles del terreno. Para garantizar la calidad del agua, la parte superior del canal se cubría con losas de piedra o lajas. Evidentemente, no había sistemas de potabilización, pero había maneras de garantizar en la medida de lo posible la calidad del agua que se iba a canalizar antes de proceder a la construcción: averiguar si podían cocerse verduras en ella con rapidez, llenar un vaso de bronce y comprobar que no dejaba manchas en él o hervir el agua y comprobar que no tuviera sedimentos eran tres de los métodos empleados.

El agua canalizada normalmente iba a parar a los baños, fuentes, letrinas públicas y a las casas de los ricos, que solían ser villas de una sola planta. El resto de la población tenía que abastecerse de las fuentes, los estanques o contratar a un aguador.

La parte más espectacular del acueducto son sus arcos, que servían para salvar el desnivel del terreno, pero su construcción parte del río Frío o la Fuenfría, a 18 kilómetros de la ciudad, donde hay una cisterna llamada El Caserón. Después el agua discurre por un canal hasta una construcción, la Casa de Aguas donde el agua se filtraba despojándola de la arena. A continuación el cauce se eleva sobre un muro, parte de él hoy en día perdido hasta llegar a un segundo depósito protegido por una construcción de planta rectangular con bóveda de cañón, cuyo estanque interior mide 4.30 x 2.20 metros. Finalmente llegamos a la parte más famosa y espectacular, los arcos de la plaza del Azoguejo, de 638 metros.

Casa de Aguas.
 Fuente: www.unaventanadesdemadrid.com/



 
Arcada del acueducto de Segovia.
 Fuente: http://www.aedesars.com/



No puede faltar en una construcción como esta la leyenda nacida de la superstición popular. No sé muy bien si este tipo de historias se generan por rechazo a la cultura responsable de tal construcción o por no entender como fue posible realizar tal obra de ingeniería.

La leyenda en cuestión dice que una joven (mujer tenía que ser), cansada de tener que ir y volver varias veces a diario a por agua lejos de la ciudad (además, cometía el pecado capital de la pereza, ¡para colmo!!), afirmó que daría su alma al Diablo con tal de no tener que recorrer todo ese camino, de modo que el Diablo, ni corto ni perezoso aceptó el reto y apostó con ella que si en una sola noche levantaba una construcción que facilitase el trabajo a la pecadora en cuestión, ésta le entregaría su alma.

Como el alma cristiana debía ser muy valiosa, el diablo hizo acopio de recursos y puso a sus diablillos a trabajar a destajo durante toda la noche, pero sus esfuerzos fueron vanos, puesto que el primer rayo de luz iluminó su obra antes de haberla culminado. La muchacha, quien sabe si por la Divina Providencia o porque presumiblemente se pasaría la noche entera rezando, salvó su alma y además dotó a la ciudad de agua corriente.

Podéis leer la leyenda  con más detalle aquí.



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